Debate 01

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Bienvenido/a al primer foro debate del Webinar REUNI+D 2013.

Este primer debate gira en torno a los documentos elaborados por Juan Manuel Escudero (PDF y video), Juan de Pablos (PDF), Nacho Rivas (PDF) y Lourdes Montero (PDF).

Como ya hemos comentado en los email que te hemos enviado con anterioridad, es requisito indispensable para todos los inscritos e inscritas en el webinar, realizar un comentario al final de la página con relación a los documentos y vídeos para conseguir la certificación.

126 respuestas a Debate 01

  1. En primer lugar me gustaría felicitar al profesor Escudero y a los replicantes por sus ideas tan interesantes, y decir que me identifico totalmente con las ideas expuestas por Juan Manuel Escudero.
    Tradicionalmente, el fracaso escolar se ha asociado a bajo rendimiento académico, porque los diferentes sistemas educativos españoles han estado pensados más en términos de excelencia académica que en lo verdaderamente fundamental: hacer realidad el derecho a la educación.
    Nuestros sistemas educativos tradicionalmente han ofrecido un tipo de enseñanza-aprendizaje de hace unos 300 años, siguiendo un modelo procedente del imperio británico. Se me viene al pensamiento una idea del profesor Sugata Mitra (http://www.ted.com/speakers/sugata_mitra.html) quien piensa que fueron los victorianos los que crearon una gran computadora global compuesta por personas que a día de hoy se encuentran entre nosotros y que se denomina “máquina administrativa burocrática”. Para que esta máquina funcionase se necesitaban muchas personas que fueron fabricadas por otra máquina: la escuela. La escuela producía personas que luego se convertían en partes de la máquina administrativa burocrática. Debían ser idénticas entre sí y saber fundamentalmente tres cosas: saber escribir bien (buena caligrafía) porque los datos se escribían a mano; saber leer; y saber sumar, restar, multiplicar y dividir mentalmente. Los victorianos fueron grandes ingenieros, diseñaron un sistema tan sólido que hasta nuestros días nos acompaña, produciendo continuamente personas idénticas para una máquina que ya no existe. Pero el imperio ya no existe, entonces, ¿qué hacemos con ese diseño?
    Fracaso escolar porque la escuela no va en el mismo tren que va la sociedad, aunque la escuela debería preparar a los ciudadanos del mañana, y porque quiere centrarse más en los que no tienen ningún tipo de dificultad en el acceso a la educación que en los que sí lo tienen.
    Por todo ello, coincido y me identifico plenamente con los tres pilares fundamentales de cualquier política y práctica que intente hacer frente al hecho del fracaso escolar (señalados por el profesor Escudero):
    1. Fortalecimiento y atención prioritaria al sistema educativo público porque es el que está diseñado para servir a toda la población.
    2. Reconstrucción profunda del currículum escolar.
    3. Prestar atención al profesorado: los alumnos que acceden a las universidades para formarse como futuros docentes no son no ya los mejores, digamos que buenos; formación inicial y continua seria y rigurosa (creo que en las universidades, la formación inicial del profesorado es seria y rigurosa); y derechos y deberes equilibrados en el ejercicio de la profesión docente.

  2. Difícil es añadir algo a unos discursos tan bien realizados por parte de los ponentes. Sin embargo, algo me gustaría añadir. Si bien esta planteado este formato como una manera de debatir sobre el tema del fracaso escolar, he podido comprobar como realmente los ponentes de réplica a la aportación de Juan Manuel Escudero no se oponen a su explicación sobre esta problemática, sino más bien añaden comentarios al gran discurso que ha realizado. Por tanto, si existe bastante acuerdo en la comunidad científica, también se debería unificar los posibles proyectos que se planteen para solucionarlo. De este modo estaríamos dando solución a uno de los hechos que comenta el profesor Escudero. Ya que es cierto el hecho de que se han planteado demasiadas soluciones yuxtapuestas o sin tener conocimiento de lo que ya se había realizado, y muchas veces ha sido desde la propia comunidad científica. Por lo que, desde mi punto de vista, empecemos a llegar a consensos que nos lleven a soluciones compartidas.

  3. Firmo el comentario anterior: Joaquín J. Martínez Sánchez, Sevilla.

  4. Es un gusto compartir la reflexión a partir de un análisis completo y coherente como el elaborado por Juan Manuel Escudero. En resumen: el fracaso no puede achacarse a las víctimas objetivas como culpables subjetivos, sino que es imprescindible socializar la perspectiva y -diría yo- las pérdidas. Si no aceptamos que el fracaso afecta a toda la sociedad, incluyendo a los formadores de profesores en las universidades, no encontraremos soluciones realistas. Las respuestas de Pablos, Rivas y Montero han resaltado y contrastado algunas facetas.
    El prof. de Pablos insiste en las alternativas, comenzando por la formación del profesorado, que adolece de especificidad pedagógica y, si se me permite tocar la herida, de valores asumidos.
    Cuando el profesor Rivas hace una breve genealogía del sistema educativo como herramienta del modernismo (o de la Modernidad), creo que olvida matizar el hecho de que solo una parte de los docentes participa de ese horizonte regulativo, ético y utópico, aunque casi todos sean cuerdamente partidarios una sociedad abierta, la democracia, la igualdad de oportunidades, etc. En España no ha cambiado en la realidad -como en el imaginario- el prototipo premoderno del docente como instructor de un conocimiento supuestamente objetivo, acerca del cual es evaluado de una vez para siempre en la oposición; o bien un transmisor de doctrina que se identifica con el ideario, sea del centro privado, sea del gobierno o del estado.
    Es más, diría que -como demuestran las afiliaciones del profesorado- en la última década se ha afianzado la ideología que concibe la profesión docente como un avatar del funcionariado y del estado (el corporativismo), o bien como una herramienta de la moral de una clase social. No es una cuestión teórica; es que el número de docentes que hayan asumido en su perfil profesional el objetivo de la inclusión social, la igualdad de oportunidades, en suma, la lucha contra el fracaso escolar, es realmente, minoritario. Este porcentaje se reduce a unidades entre decenas o centenas si tratamos sobre la plantilla de profesores de secundaria. Con respecto a este grupo, hay que reconocer que la universidad española pone mucho de su parte para que sean agentes ciegos del “fatum” (la fatalidad social a que se referían los ponentes), dado que se les otorga un título sin ningún contenido pedagógico, al que se añade como una guinda el Máster con la misma o parecida eficacia que antes tenía el CAP.
    Así pues, el modelo de profesorado ideal podría ser un modernista desencantado, entre los 50-60 años, pero no es el prototipo que funciona en la realidad. Está por hacer.
    La prof. Montero pone el acento en la responsabilidad política sobre el diseño del sistema y otros comentaristas añaden la dimensión económica. Supongo que la comprensión “ecológica” abarca ambas.
    Pero habría que dar mayor énfasis a tres aspectos en ese mundo vital, dentro de esa realidad simbólica construida por todos/as, que guarda tanta pólvora en la recámara: tradiciones no cuestionadas, modelos que la sociedad exalta y denigra a la vez como chivos expiatorios, estructuras económicas semiconscientes.
    1) Uno, muy sencillo, que a algunos les parecerá simplón. Lo he leído también a Mariano Fernández Enguita: los profesores españoles, sobre todo en secundaria, suspenden mucho, muchísimo, más que nadie. Es una tradición que da lustre a ciertas materias y a los docentes de materias sin mucho lustre. Suspende y, así, culpa al alumnado y a las familias y a los políticos y a todo, excepto el cuerpo docente/decente.
    2) La crisis ha reducido el fracaso escolar. Se reduce notablemente el absentismo y el descompromiso, pero también crece una cierta conciencia de responsabilidad en todos los agentes: familias, alumnado y docentes. Supongo que es una época propicia para la reforma en profundidad, aunque sea tan desgraciadamente desaprovechada por los políticos de turno liberal-canovista.
    3) No se ha hablado apenas de las metodologías. Si me extendiera en este aspecto, pretendería ilustrar a los que ya saben, en su mayoría profesores universitarios y compañeros que están al día en todo: PBL, Escuela 2/3.0, aprendizaje social, conectivismo, e- b- y m-learning.
    El mejor -no sé si el único, pero el mejor- modo de transformar el perfil del profesor-agente inconsciente del fracaso escolar, perseguidor de innovadores, látigo de reformistas y pedagogos, pasa radicalmente por un cambio del prototipo EN LA UNIVERSIDAD. De esta sencilla manera, les pongo la pelota en su tejado. Es un resto de corporativismo que me/nos aqueja.

  5. anaiglesias dijo:

    El profesor Escudero indica que el fracaso escolar no es algo azaroso o fortuito sino un fenómeno de carácter estructural, incluso generado con una finalidad específica. Se afirma que es útil para algunos, visibilizando el argumento de que el fracaso permite discernir entre los excluidos (rechazados) y los incluidos (aceptados) por el sistema, entre los útiles y los inútiles. Si asumimos este argumento, no puede ser de ningún modo aceptable el modelo de educación pública, que por definición no puede ser excluyente, al menos, en sus niveles obligatorios.
    Desde mi punto de vista, no considero que el fracaso escolar venga determinado por la falta de formación inicial y permanente del profesorado puesto que hoy día, gracias a todas las posibilidades que tenemos para acceder a la información por múltiples y variadas vías, tenemos acceso a más información y formación que nunca sin necesidad de movernos de nuestras casas, centros y aulas. Tampoco considero que haya que culpar a la inversión o no económica que hagan en mayor o en menor medida los gobiernos centrales y/o autonómicos pues si de algo puede enorgullecerse y vanagloriarse una profesión como es la educativa, es de contar con una de las mejores herramientas de las que puede poseer un docente, que no es otra que su propia creatividad. Por lo tanto, ¿el fracaso escolar es sólo culpa de un sistema que evidentemente no funciona o también lo es de la “acomodación” por parte de los docentes que hemos dejado de utilizar nuestra mejor herramienta de trabajo en pos de un uso más cómodo como es, por ejemplo, el que nos ofrecen los libros de texto? ¿El fracaso puede venir, además, determinado por la incapacidad para escuchar las “voces” de los que nos rodean y, de manera especial, de los considerados “fracasados” o “excluidos”? ¿No será que nos hemos olvidado de que la educación siempre se refiere a la persona, se dirige a todas sus capacidades y hacia un crecimiento armónico del ser humano?
    Estoy de acuerdo con el Profesor Rivas en que el fracaso escolar está directamente relacionado con el derecho a la educación. La escuela fracasa en la medida en que no es una “escuela para todos”, en que no hay excelencia para todos, o no hay calidad para todos. En definitiva, cuando no hay equidad. Si lo analizamos desde el paradigma intercultural, es imposible que se dé la equidad puesto que tendríamos que partir de la base de que el valor de las diferencias estriba en un enriquecimiento mutuo entre culturas; y, por lo tanto, llevar a cabo un proceso de enseñanza-aprendizaje integrador, inclusivo, transformador, interdisciplinar, etc. Lo mismo ocurre, si el análisis lo hacemos desde un enfoque sociopolítico o crítico basado en la atención a los menos favorecidos, en la transformación de las estructuras y del discurso docente, en la programación de un verdadero plan de formación centrado en la igualdad real de oportunidades para todas las personas haciendo hincapié en las grandes capacidades que poseen todos los estudiantes y desarrollando actividades adaptadas a ellos.
    Para lograr este cometido, aún nos queda mucho camino que recorrer y obstáculos que superar.

  6. Leonor Rizzi dijo:

    El tema planteado para del debate es sumamente interesante e importante. Comparto los planteos Rivas Flores y me parece acertado el haber partido desde la institucionalización del sistema escolar con sus objetivos, eso da un marco de comprensión a un tiempo donde los resultados se observaron como positivos. Pero hoy….¿Que se espera de la escuela? ¿Qué es el éxito o el fracaso? ¿desde quien se mide? ¿Cómo se mide? Hoy aún, aquellos/as estudiantes que transcurren con “éxito” el espacio escolar, no siempre tienen una inserción exitosa en los espacios sociales.
    Desde ya acuerdo con que es una situación compleja, con muchas aristas y demanda ser estudiada, analizada por todos los estamentos sociales, políticos, culturales, comenzando desde las bases, escuchando a todos, como ejercicio de participación y de aprendizaje de la comunidad, en búsqueda de una educación liberadora, que permita llevar adelante procesos de equidad social garantizando el derecho de todos los habitantes del territorio, niños/as, adolescentes, familias.
    Los docentes y su formación tienen un espacio especial, y aquí acuerdo con aquellos que plantean que su formación debe ser analizada y reformulada, que la profesión debe ser revalorizada, desde las políticas públicas, desde la sociedad toda, y también desde los propios docentes.
    Comparto con Gabriel que el fracaso de la escuela como institución sociocultural tiene que ver con lo político, lo social, lo económico y a lo que se debe buscar respuesta desde lo político y pedagógico.

    (Leonor Rizzi- Argentina)

  7. Elba Gutiérrez Santiuste dijo:

    Gracias por vuestras aportaciones. “Hablando” del fracaso escolar se convierten en dolorosas porque reflejan una tarea social mal hecha. No puedo aportar nada mejor, ni mejor dicho por vosotros. Pero sí quería contribuir con un asunto que también me preocupa enormemente en relación al tema: ¿por qué razón nos andamos pasando la pelota como sociedad de quién tiene la culpa de esta situación? Sin aportar datos objetivos, mi sensación es que los padres culpan al profesorado, el profesorado a los políticos y las familias, los políticos, últimamente y tendenciosamente tienden a culpar al profesorado. Así no solucionamos nada. Quizás podríamos plantearnos en este punto dos asuntos comentados anteriormente: el análisis ecológico y la responsabilidad.
    Considero, como ciudadana y como profesional de la educación, que estamos en una situación peligrosísima para el presente, los chicos se nos quedan atrás y estos chicos sin herramientas, en el futuro, seguramente serán una masa acrítica con pocas posibilidades de elección y decisión en sus vidas privadas, laborales y sociales de una pseudodemocracia. Creo que los chicos/as son esencialmente personas creativas, personas que cuestionan, personas que les gusta trabajar juntas y la escuela (sus métodos, sus estructuras y sus objetivos) no tienen nada que ver con esto. Creo que es difícil mezclar el aceite con el agua. La escuela como institución tiene de materia prima al hombre (en diversas etapas madurativas) y la escuela que tenemos es una fábrica de crear yo que sé que artefacto con pocas características humanas. En este contexto que habéis comentado histórico, político y social actual se pueden ir parcheando situaciones concretas pero disminuir el número de fracaso escolar, entendido como una vulneración del derecho universal a la educación, pasa por un cambio profundo socialmente admitido y “ferozmente” defendido por la ciudadania.

  8. Carmen López Escribano dijo:

    En la conferencia del profesor Escudero hay dos puntos muy importantes y que me gustaria enfatizar porque muchas veces pasan totalmente desapercibidos en este tema: (1) la incidencia emocional y en la autoestima que tiene el fracaso en los niños; (2) la importancia de la prevención para evitar el fracaso.
    Saludos,

  9. Laura Pérez Granados dijo:

    Al igual que el compañero Gabriel Rosales, primero de todo quisiera destacar la riqueza del contenido que nos han presentado los ponentes, aunque tal y como afirma Lourdes Montero será difícil encontrar una respuesta clara a una pregunta tan compleja. Afortunadamente, serán muchos los comentarios acerca de este apasionante debate así que aprenderemos también de las opiniones y puntos de vista del resto de compañeros/as.
    Por mi parte, comparto las argumentaciones de Escudero y subrayadas por Juan de Pablos cuando hace referencia a que la interpretación que se le da al fracaso escolar es el resultado de una realidad construida y fabricada social y culturalmente por parte de quienes tienen el poder de establecer y aplicar determinados modelos de calificación y etiquetaje. Es un ejemplo claro de ello las propuestas de la LOMCE que bajo el paraguas de la cultura del esfuerzo intenta responsabilizar únicamente al alumnado de sus éxitos y de sus fracasos y además, como destaca Juan de Pablos se argumentan el valor de la excelencia como prioridad. Sin duda, un proyecto de reforma política debería cumplir con los principios fundamentales de las sociedades democráticas, y como asegura Nacho Rivas entender que la equidad del sistema educativo se establece desde la posición de los más débiles, y no de los poderosos. A mi modo de ver, esta búsqueda de la excelencia, y las continuas reválidas que se proponen merman las posibilidades de aquellos que no llegan o no se acomodan a las exigencias de un sistema educativo diseñado únicamente para unos pocos.
    A este respecto, también quería destacar la importancia de los docentes en todo este debate acerca del fracaso escolar. La desconfianza que señala Lourdes Montero hacia nuestros docentes en particular y hacia el sistema educativo en general, es una práctica habitual que últimamente está siendo muy criticada y que desde luego no ayuda en la búsqueda de soluciones del fracaso escolar. Sistemas educativos con éxito en el rendimiento de sus estudiantes como Finlandia hacen de la confianza en sus docentes la primera premisa para garantizar el éxito en la enseñanza. Contrariamente de lo que ‘popularmente’ podíamos creer, muchos de estos países no están obsesionados por liderar rankings. ¿Por qué configurar en España un sistema educativo con reválidas que midan constantes indicadores de éxito o fracaso que excluyan y seleccionen a los alumnos más débiles? Estas evaluaciones externas en forma de reválidas, como señala Gimeno Sacristán en un artículo publicado recientemente en el periódico el País no ofrecen más educación.
    Y por último, comparto con J.M. Escudero las líneas de propuestas de mejora que describe, el énfasis en fortalecer al profesorado que sin duda debería ser tenido en cuenta en cada reforma del sistema. Desde luego, el fracaso escolar es mucho más que un problema educativo, ya que tiene relevantes consecuencias sociales.
    Señalar que es muy difícil sintetizar todas las ideas que los ponentes nos sugieren, pero en la medida de lo posible he querido destacar y compartir con ustedes aquellos puntos que considero relevantes. Para finalizar, me gustaría destacar en palabras de Gimeno Sacristán lo que a mi juicio es la esencia para afrontar el reto del fracaso escolar:
    “precisamos una pedagogía de la complejidad, de forma que las tareas académicas puedan ser atractivas y retadoras para todos, sin que todos estén obligados a hacer los mismo”.

    ¡Saludos!

  10. ¿FRACASO DEL ALUMNADO, FRACASO DE LA INSTITUCIÓN O FRACASO SOCIAL?
    Primero que nada, destacar lo complejo, interesante y desafiante del debate propuesto. También ponderar las aportaciones de cada uno de lxs ponentes, cada uno aporta elementos sugestivos para repensar el problema.
    Respecto de lo planteado, quisiera realizar algunas consideraciones que -sin obviar lo ya mencionado- tienen la intención de aportar nuevos elementos para profundizar el debate.
    1.) En primera instancia, recuperando la inquietud manifestada por la Prof. Montero en relación al particular recorte realizado por el Prof. Escudero de la pregunta disparadora propuesta por Webinar (¿Fracasa la escuela como institución socio-cultural? recortada desde la problemática del fracaso escolar), quisiera también problematizar este enunciado. ¿La escuela es una institución socio-cultural o económica, social y cultural? La incorporación de la adjetivación “económica” –quizá incluida dentro del ámbito de lo social en el interrogante original- merece, desde mi punto de vista, un énfasis particular si queremos encarar el problema con la complejidad que se merece. Esto lo planteo porque, como ya nos enseñaron los clásicos de la sociología crítica de la educación, el problema del fracaso de la escuela o el fracaso escolar habría que entenderlo en marco de una economía política de la escolaridad. Si bien esta perspectiva está, de alguna manera, contemplada en el análisis ecológico propuesto por el profesor Escudero en relación al fracaso escolar, me parece que los énfasis y los pesos explicativos puestos en las condicionantes estructurales deben ser mayores.
    2.) Acertadamente, desde mi punto de vista, el profesor Rivas Flores plantea que la evolución del proyecto de escolaridad moderno representó la expansión no de un interés social general, sino del interés particular de algunos grupos sociales dominantes. En términos de una economía-política de la escolaridad, uno podría decir que no se entiende el desarrollo de un determinado tipo de escuela pública por fuera de los particulares modelos de acumulación capitalista que la enmarcan. Antes el capitalismo industrial, ahora el financiero. Estas apreciaciones –que pueden sonar a perogrulladas- es necesario recordarlas porque la pregunta por el fracaso de la escuela o el fracaso escolar nos remite necesariamente al fracaso social y económico de un orden social que excluye y sume en la miseria a la mayor parte de lxs seres humanos (verdad básica que ahora, con la actual crisis, se está haciendo patente en el “primer mundo” pero que en el “tercero” nunca dejamos de tener dolorosamente presente).
    3.) Desde esta perspectiva el hecho de que en los discursos políticos neoconservadores actualmente hegemónicos se adjudique el fracaso escolar a lxs niñxs, adolescentes y a sus familias; no es muy diferente a la misma estigmatización realizada en relación a lxs desocupadxs o paradxs. Así como hay fracaso y fracasados educativos, también pareciera haber fracasos y fracasados laborales, entre otros tantos. Ante un problema colectivo, la responsabilización y las propuestas de salida propuestas desde las políticas económicas parecen ser siempre individuales, sin cuestionar la raíz del problema. En este sentido habría que leer, me parece, las diversas políticas de formación de estudiantes y trabajadorxs “emprendedorxs”.
    4.) Todo esto me lleva a pensar que el fracaso de la escuela como institución económica, social y cultural es una pregunta que –parafraseando a Freire- tendríamos que responder en términos sustantivamente políticos y adjetivamente pedagógicos. ¿Se puede pensar un nuevo modelo de escuela, de formación docente, de políticas educativas sino pensamos antes un proyecto político de fondo que enmarque todo eso? Me parece que, si algo tienen de bueno las crisis sistémicas es que nos abofetean de tal manera que nos obligan a plantearnos las preguntas básicas que, quizás, nunca debimos olvidar.
    (Gabriel Rosales – Argentina)

    • nachorivas dijo:

      Me quedo con esto último de tu planteamiento Gabriel, ya que parece que solo cuando nos aprieta el zapato somos capaces de pensar sobre la salud de nuestros pies, si me permites la metáfora. Lo cual no deja de ser un consuelo. Eso sí, necesario en este momento.
      Agudo, como siempre, en tus comentarios.

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